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lunes, 10 de abril de 2017

Peonza

Foto: V. Aparici. Colección de P. Barranco
Otro ejemplar más de la colección de Pablo Barranco es el Calliostoma granulatum.

Su forma perfectamente cónica nos evoca a las peonzas que tanto hemos hecho girar en nuestra infancia. 

Posee opérculo corneo (la tapita) y ápice puntiagudo (la puntita de arriba, vamos). Suele presentar marchitas, entre el color marrón y el naranja, sobre el resto de la concha que es color carne con numeroso granitos en las suturas (contacto superior e inferior de una vuelta de concha).

Es un animal de profundidad que habita los fondos circalitorales y el coralígeno profundo, aparece mucho en los arrastres, por lo que podemos verlo junto a la morralla que se vende en las pescaderías.

Para las mentes inquietas, los ecosistemas que encontramos desde la orilla hasta el profundo fondo se clasifican en "pisos". El piso Circalitoral va desde los 30 o 40 m de profundidad (límite de las algas fotosintéticas y plantas marinas) hasta el límite de supervivencia de las algas más extremas, unos 100 m. Por otra parte, el coralígeno es un fondo de sustrato duro (las arenas y fangos son sustratos blandos) que pertenece a este piso, donde predominan los animales sésiles como esponjas, gorgonias, crinoideos, etc.

Esto se va complicando. Lo dejamos así.
 

domingo, 9 de abril de 2017

Pie de pelícano

Foto: V. Aparici. Colección de P. Barranco
Este animal se le conoce como pie de pelícano y es un molusco gasterópodo que responde al nombre científico, como no, de Aporrhais pespelicani.

Sobran las palabras, ya que se asemeja a una pata palmípeda (que tiene membranas entre los dedos) de un pelícano, o un pato, o una gaviota, o...., por lo que podría haber tenido cualquier de estos nombres. 

Resulta curioso que solo desarrolla estas expansiones cuando es adulto, es decir, en su última vuelta de concha. Los ejemplares juveniles no la presentan y esto hace que en un principio se los considerara como otra especie. 

Aquí podéis ver un juvenil y ver que todavía hoy hay confusiones.



jueves, 30 de marzo de 2017

Camuflaje

Foto: V. Aparici. Colección de P. Barranco
Aquí tenéis una maestra del camuflaje, la Xenophora crispa.

La particularidad de este molusco gasterópodo es que incorpora a su concha todo lo que encuentra alrededor (piedras, otras conchas, trozos de coral). A parte de tener una función mimética, estos añadidos fortalecen su endeble concha. Raro es no incorporen basura, pero tiempo al tiempo.

Este ejemplar de la colección de P. Barranco, no tiene muy exagerado el camuflaje pero si buscáis imágenes en la web os sorprenderéis.

Para muestra os dejo una en posición ventral donde también podemos ver su opérculo corneo.

Foto: James St. John

 

viernes, 24 de marzo de 2017

Columbella rustica

Foto: V. Aparici. Colección de P. Barranco
Otra vieja amiga que me ha aparecido en la colección de Pablo Barranco es la Columbella rustica.

En un principio se asemeja al Conus mediterraneus, pero cuando las comparamos vemos que son bien distintas en forma y en la apertura o boca (que en la Columbella es dentada y sinuosa y en la otra especie es recta y lisa).

La variación en los dibujos de la concha es grandísima y a diferencia del Conus, esta se alimenta de algas y detritus que tapizan las rocas, donde van paciendo con ayuda de una lengua dentada especial que se denomina rádula.

Prefiere las aguas poco profundas, el oleaje y los fondos rocosos. Es una especie muy común en playas con fondos rocosos próximos.

jueves, 16 de marzo de 2017

Los ojos de Santa Lucía

Foto: V. Aparici. Colección de P. Barranco
Estamos ante un nuevo molusco gasterópodo que cuando lo recogió Pablo Barranco tenía el nombre artístico de Astraea rugosa. Como ya estamos habituados, los científicos lo han rebautizado como Bolma rugosa.

Si la concha ya es bastante grande y llamativa, su opérculo lo supera. Este no es córneo, como en el Cerithium vulgatum, sino calcáreo como su concha y crece en espiral a la vez que lo hace la concha, como se aprecia en su cara interna.

La otra cara del opérculo es otro cantar. Se asemeja a un ojo y recibe el nombre de "ojos de Santa Lucía". Se han encontrado ánforas romanas repletas de ellos, cosa que hace sospechar que, antaño, ya eran apreciados en joyería como abalorios, como sigue ocurriendo en la actualidad

La religión católica, que todo lo absorbe y lo mimetiza para que parezca suyo, los santificó y desde entonces se han usado como amuleto del remedio al mal de ojo, como no.

Si os encontráis solo el opérculo, sed conocedores que también es símbolo de amor y felicidad. Avisados estáis.